La valoración integral de colaboradores que trabajan en oficina, debe rescatar la necesidad de intervenir en estilos de vida saludable. Si bien es considerado un trabajo de bajo riesgo, el sedentarismo y la alimentación no saludable que se derivan de las actividades propias del trabajo en oficina, son un factor de riesgo para la salud y calidad de vida de esta población. Este meta-análisis nos demuestra una vez más como el ejercicio físico supervisado y/o autónomo, mejora sustancialmente la calidad de vida física y mental, disminuyendo los riesgos para la salud propios del trabajo en oficina.
Bajo el punto de vista ocupacional, debe tenerse en cuenta que los riesgos de generar enfermedades asociados al trabajo, deben abarcar el efecto directo e indirecto de los peligros que se identifiquen en el trabajo. Por ejemplo, los peligros psicosociales y biomecánicos, a los cuales las y los oficinistas se enfrentan en el trabajo, trascienden más allá del lugar de trabajo, toda vez que las emociones y el uso del sistema locomotor son la esencia fundamental de la vida humana. Por tanto, este tipo de peligros basan la intensidad de su exposición no solo en el ambiente del trabajo sino también en el ambiente personal y social de cada persona. De ahí la importancia de hacer énfasis en la evaluación ocupacional en los estilos de vida de cada persona así como recomendar intervenciones en los mismos con objetivos terapéuticos y preventivos.